Desmontando la envidia

La envidia es una emoción social que influye de manera notable sobre el modo que tenemos de relacionarnos con los demás. Por este motivo juega un papel importante en el desarrollo de las relaciones interpersonales. Esta emoción secundaria está mediada por los sentimientos de inferioridad, hostilidad y resentimiento, resultantes de que otra persona o grupo posee algo que es deseado para el que la siente, ya sea tangible o intangible (Parrot y Smith, 1993).

Hablamos de una emoción que nace de la vida en sociedad y tiene una connotación desagradable para el que la siente, además de una baja deseabilidad social. Por lo tanto, nos cuesta reconocer que tenemos envidia de otros.

¿Cómo surge la emoción de envidia?

Las investigaciones actuales sobre la envidia, se apoyan en dos modelos psicológicos que se complementan:

Desde el punto de vista psicosocial, la envidia nace del proceso de comparación que realizamos entre nosotros mismos y los demás. Pero las comparaciones no se hacen con cualquier individuo del grupo. Según la teoría de la comparación social (Festinger, 1954), las comparaciones se realizan entre personas cercanas, que se parecen y con características socioeconómicas e intereses comunes. Este proceso se realiza con los datos que se tienen disponibles, los que son más visibles o los que la persona que compara considera importantes. En esta comparación, la persona que siente envidia sale perdiendo en su autoevaluación, motivo por el cual, se frusta y tiene sentimientos negativos hacia “el otro”.

Pero, no siempre que salimos perdiendo nos frustramos. Los trabajos de Tesser, Millar y Moore (1988) añaden una variable interesante a la teoría de la comparación social. En su modelo de mantenimiento de la autoevaluación, proponen que las personas siempre actúan en el entorno social con el objetivo de mantener o mejorar la visión que tienen de sí mismos (autoevaluación). Por lo tanto,  aunque a veces no lo consigamos, inicialmente tenemos la tendencia a no sentir envidia al compararnos, para así no dañar nuestra autopercepción.

Tesser y sus colegas propone que para la consecución de este objetivo, realizamos una comparación social en la que existen dos procesos dinámicos que interactúan de manera opuesta:

  • El proceso de reflejo amortigua los sentimientos que desatan la envidia,
  • El proceso de comparación (similar al descrito por Festinger) desencadena los procesos cognitivos de la emoción.

En ambos se evalúa la cercanía emocional y el desempeño del otro. Cuando actúa el proceso de reflejo percibiremos los logros del otro como si fueran nuestros, es decir, no se activa la emoción de envidia; mientras que si actúa el proceso de comparación nos “moriremos de envidia” por lo que el otro tiene o sabe hacer.

Es interesante evaluar qué influencia tiene la cercanía emocional sobre la intensidad de la emoción de envidia. Entendemos la cercanía emocional como un lazo cognitivo y afectivo que une a dos personas que se consideran semejantes. Estas semejanzas aportan armonía y equilibrio a las relaciones (Heider, 1958). Es evidente que la cercanía emocional modula la percepción subjetiva de la envidia y favorece el proceso de reflejo. Si la intensidad de la envidia aumentase con la cercanía emocional que se siente hacia los demás, esta emoción social, podría ser una fuente importante de problemas relacionales entre las personas más cercanas (Cohem-Charash, 2009; Fiske, 2011).

¿Para qué sirve la envidia?

Es probable que la envidia sea una de las emociones con peor fama, por eso muchas veces no admitimos que la estamos experimentado. Pero también es cierto que es una emoción muy activadora, que orienta hacia la acción e impide que nos quedemos quietos. Cuanto sentimos envidia por lo bien que lo hace otro, queremos hacerlo bien (o mejor), nos motiva para “darlo todo”. Probablemente, este empujón de motivación ha servido para cambiar el curso de la historia humana en muchas ocasiones.

En el mundo del deporte, por ejemplo, el éxito de un deportista es envidiado por otros muchos que se comparan con él y se esfuerzan por alcanzar su nivel. Todos, en mayor o menor medida, estarán motivados, entre otras emociones y cogniciones, por la envidia. Pensemos un momento en la rivalidad futbolística entre Messi y Ronaldo ¿Qué sería del uno sin el otro? ¿Hubiesen alcanzado el mismo nivel futbolístico sin ese “chute de motivación”?

A pesar de su mala fama, hay que admitir que la envidia sirve como punto de partida a la creatividad y el espíritu de superación del ser humano. Detrás de muchos de los grandes logros de nuestra historia, se oculta esta pasional emoción.

Referencias:

Chóliz, M., y Gómez, C. (2002). Emociones sociales II (enamoramiento, celos, envidia y empatía). En F. Palmero, E.G. Fernández-Abascal, F. Martínez y M. Chóliz (eds.), Psicología de la motivación y la emoción (pp. 395-418). Madrid: McGraw Hill.

Festinger, L. A. (1954). A theory of social comparison processes. Human Relations , 7, 117– 140. doi:10.1177/001872675400700202.

Fiske, S. T. (2011). Envy Up, Scorn Down: How Comparison Divides Us. American Psychologist, Vol 65(8), Nov 2010, 698-706 doi: 10.1037/0003-066X.65.8.698

Tesser, A., Millar, M., y Moore, J. (1988). Some affective consequences of social comparison and reflection processes: The pain and pleasure of being close. Journal of Personality and Social Psychology, 54(1), 49-61. doi: 10.1037/0022-3514.54.1.49.

1 comentario en “Desmontando la envidia

  1. buen artículo, enhorabuena

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