La empatía. Un arma de doble filo.

La empatía ejerce el papel mas destacado en las fases iniciales de la terapia psicológica, pero también en los momentos en que la expresión emocional alcanza cotas desestructurantes. Es entonces cuando los psicólogos tienen que demostrar, sin fingir, altos niveles de empatía, y comprensión. Rogers lo sabía y dejo constancia de ello en esta magnífica frase, que hoy quiero compartir con vosotros:

“Cuando la persona sufre, está confusa, perturbada, ansiosa, alienada, horrorizada; o cuando la persona duda de su propio valor y se halla insegura de su propia identidad, entonces precisa de la comprensión, la compañía amable y sensible de una posición empática, acompañada por supuesto de otras actitudes, autenticidad y aceptación positiva incondicional. En tales situaciones creo que la comprensión profunda es el regalo más precioso que una persona puede otorgar a otra”.

Esta posición empática de la que nos habla Rogers significa ponerse en lugar del otro para entender su sufrimiento y situarse en disposición de poder ayudarlo a avanzar eficazmente hacia sus metas, pero siempre hacia sus metas, sin imponer la propia perspectiva de la vida.

Pero ¡ojo! Hay que tener clara la perspectiva empática. No se trata de sufrir por el otro y “llevarse los problemas a casa”. Se trata, más bien, de sentir el mundo del otro “como si” fuera el tuyo propio, pero sin olvidarnos del “como si”. Ese viaje de ida al interior de la persona, también tiene que ser de vuelta, para poder ayudarla.

La empatía debe generar compasión en nosotros, que no es más que el deseo y la acción de aliviar, reducir o eliminar el sufrimiento de otro. Devolviendo compasión demostramos de manera evidente que nuestra intención se dirige a una relación de ayuda incondicional y genuina, por encima de nuestros propios intereses y centrada en el “mapa de mundo” de la persona a la que queremos ayudar.

En definitiva, la empatía es un arma de doble filo. Si nos encerramos en el sufrimiento del otro sin generar compasión, podemos caer en la trampa de amargarnos la vida por lo que le pasa a los demás, sin propiciar alternativas de ayuda. Por ese motivo, cuando te pongas en lugar del que está sufriendo una situación dolorosa, lo mejor que puedes devolver es compasión. Así ganais los dos.

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